Epilepsia

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Epilepsia: Descripción

La epilepsia es un trastorno provocado por el aumento de la actividad eléctrica de las neuronas (células nerviosas) en alguna zona del cerebro. La persona afectada puede sufrir una serie de convulsiones o movimientos corporales incontrolados, de forma repetitiva. A este padecimiento se le llama "ataque epiléptico". Para considerar epiléptico a alguien, los ataques deben repetirse con cierta frecuencia (ataques recurrentes). La epilepsia tiene su origen en unos cambios breves y repentinos del funcionamiento del cerebro; por esta razón, se trata de una afección neurológica. Dicha afección no es contagiosa ni está causada por ningún tipo de retraso mental. Algunas personas con retraso mental pueden experimentar ataques epilépticos, pero tener estos ataques no implica necesariamente el desarrollo de una deficiencia mental. Esta enfermedad puede darse en personas de cualquier edad y condición, aunque es más común en la infancia o adolescencia y en la vejez. La epilepsia puede aparecer a causa de una lesión o una cicatriz cerebrales, en muchos casos producidas durante el nacimiento o inmediatamente después de nacer. De cualquier forma, es posible detectar estas señales y conocer qué las ha provocado mediante diversos métodos. También hay otro tipo de epilepsia que se denomina idiopática (de origen desconocido); esto significa que la persona no tiene ninguna señal cerebral y que, por tanto, no puede conocer la causa de sus ataques epilépticos. A pesar de ello, es posible que esté provocada por algún tumor o malformación cerebrales, por otras enfermedades, tales como la meningitis y la encefalitis, etc. Las personas que tienen epilepsia sin indicios acostumbran a tener su primer ataque entre los 2 y los 14 años de edad. La epilepsia es una enfermedad crónica, pero puede controlarse tanto por parte del médico, a cuya consulta hay que ir regularmente para pasar las revisiones oportunas, como por parte del paciente. La persona afectada de epilepsia tiene que ser muy estricta consigo misma, conocerse bien y estar alerta por si se presenta un nuevo ataque. No puede descuidar nunca la medicación que le receten, ha de comer de forma equilibrada y dormir de forma regular (las mismas horas y a la misma hora cada día), así como tratar de mantener el equilibrio emocional (evitando disgustos o sorpresas excesivas). No cumplir con estas condiciones -no dormir regularmente, sufrir estrés, no medicarse correctamente, etc.- también puede convertirse en elemento desencadenante de un nuevo ataque epiléptico

Causas de Epilepsia

La epilepsia es un trastorno con muchas causas posibles. Cualquier causa que impida o distorsione el patrón de actividad neuronal normal puede conducir a la aparición de una crisis epiléptica. Se ha observado que algunas personas epilépticas tienen una cantidad más alta de neurotransmisores activos (sustancias encargadas de conducir el impulso nervioso entre las neuronas), lo cual incrementa la actividad neuronal. En otros se ha observado una cantidad baja de inhibidores de dichos neurotransmisores, lo cual también aumenta la actividad neuronal. En ambos casos puede aparecer la epilepsia. Es importante señalar que en más del 80 % de los casos no es posible reconocer la causa específica que desencadena las crisis (epilepsia idiopática). La explicación es que no hay una lesión definida, porque por alguna razón la función que llamamos umbral convulsivo (control para que el cerebro no se desorganice) está ajustada a un nivel inferior y favorece las crisis. Predisposición hereditaria Es más probable que una persona tenga convulsiones si sus padres han padecido crisis convulsivas. Actualmente se está tratando de localizar -si existe- el gen responsable de las crisis convulsivas. Estado de maduración del cerebro Aún entre las diferentes edades pediátricas, hay una enorme diferencia en la frecuencia de convulsiones infantiles. En la etapa prenatal el umbral es muy alto y las crisis poco frecuentes; en el recién nacido (primeros 30 días) el umbral es bajo y las crisis frecuentes. Entre los dos y cinco años el umbral va aumentando hasta que alcanza el nivel máximo a los cinco años. De esto se podría deducir que la maduración cerebral por sí sola modifica la frecuencia de las crisis convulsivas. También se puede pensar que los síndromes epilépticos en niños son completamente diferentes a los de los adultos. Los investigadores creen en esta teoría y los últimos medicamentos anticonvulsivos descubiertos se han basado en modelos epilépticos de cerebro en desarrollo. Existencia de lesión cerebral El cerebro puede estar programado para desarrollarse normalmente, pero puede sufrir lesiones durante el embarazo, el parto o más adelante. Las lesiones pueden deberse a tumores cerebrales, alcoholismo o drogas, Alzheimer, meningitis, encefalitis, SIDA, ciertas alergias, etc., porque todo ello altera el normal funcionamiento del cerebro. Los ataques al corazón, infartos y enfermedades cardiovasculares también influyen en la aparición del ataque epiléptico, porque privan al cerebro de oxígeno. Reparaciones incorrectas En algunos casos, el cerebro intenta reparar los daños causados, pero puede generar conexiones neuronales anormales, que podrían conducir a la epilepsia.

Sintomas de Epilepsia

Una de cada 20 personas tiene una crisis epiléptica en su vida y una de cada 200 padece epilepsia (la mayor parte de ellas lleva una vida normal). De acuerdo con las estadísticas, la epilepsia es la patología neurológica crónica más extendida en todo el mundo, con las consecuencias que ello supone para la vida diaria de quienes la sufren. Los distintos signos de alarma que advierten que se está produciendo un ataque epiléptico pueden ser: períodos de confusión mental; comportamientos infantiles repentinos; movimientos como el de masticar alimentos sin estar comiendo, o cerrar y abrir los ojos continuamente; debilidad y sensación de fatiga profundas; períodos de "mente en blanco", en los que la persona es incapaz de responder preguntas o mantener una conversación; convulsiones; fiebre. Sin embargo, y sobre todo tras el primer ataque, sólo el médico puede valorar si son indicio de que una persona sufre epilepsia, o si se trata de un trastorno convulsivo independiente de esta enfermedad (a veces se tienen convulsiones como efecto secundario de un medicamento o a causa de otro trastorno del organismo). Por otra parte, es importante saber que a las personas que no conocen suficientemente la enfermedad puede darles la impresión equivocada de que el epiléptico sufre un ataque cardíaco. Las crisis epilépticas se originan en el cerebro. Las protagonistas principales son las neuronas, que se agrupan para formar circuitos especiales que llevan a cabo determinadas funciones, por ejemplo: movimiento, sensación, control de las funciones vitales, emociones, etc. Las neuronas son células especializadas en transmitir mensajes. Las señales consisten en estímulos eléctricos. Entre cada neurona, el paso de la información se produce a través de sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Hay una función especial llamada "umbral convulsivo" que sirve de control para que la función eléctrica neuronal del cerebro no se desorganice. Teóricamente, cualquier ser que tenga cerebro puede sufrir convulsiones si se da el estímulo específico que desencadene la crisis. El umbral convulsivo se hereda y alcanza la madurez alrededor de los cinco años de edad. Además, enfermedades que afectaron o afectan al cerebro pueden modificar el nivel de convulsión


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